EL VACÍO Y LA NADA
Tenemos un concepto profundamente arraigado, intuitivo, natural, y muy familiar, de lo que queremos expresar con el término 'vacío'. Gramaticalmente se trata de un adjetivo calificativo: falto de contenido físico o mental.
Aquí parece haber una contrariedad entre lo definido y la definición: ¿qué puede existir que esté falto de contenido físico o mental?, y por tanto: ¿a que califica?
Parece un sinónimo de 'nada', sin embargo nuestra mente capta la diferencia semántica, aunque esta sea sutil, entre lo que ambos términos significan, y más cuando los introducimos en el contexto de una expresión gramatical.
Nuestra mente, por lo menos la mía, asocia el término vacío a la carencia de contenido en un entorno continente. En términos físicos, mi mente, asimila el vacío a la ausencia de materia.
Macroscópicamente, esta última percepción, no parece poder ser alcanzada, pero nos podemos referir a ella, con enunciados aproximativos en multitud de situaciones, sobre todo en relación con el estado alcanzado en algunos espacios: vacío en el interior de una bombilla de incandescencia, vacío interestelar.
En estos espacios artificial o naturalmente existentes, podemos definir el vacío como el volumen estadístico temporal en el que no hay materia.
No parece lógico que podamos decir que no hay nada. Está el propio espacio y además todo aquello que se nos evidencia como poseedor de la característica de fluir a su través, como los fotones, y los campos gravitatorio, eléctrico y magnético. Por tanto es evidente la diferencia entre ambos términos.
Las consideraciones sobre el vacío y la nada tienen como objetivo el concretar ideas y matices que permitan dar un determinado sentido a mis siguientes planteamientos.